viernes, septiembre 28, 2007

Liquidación por traspaso

A partir de hora podréis encontrarme en www.eduardoriol.com

viernes, agosto 25, 2006

En defensa de Gustavo de Arístegui


En mi equipo ideal para el gobierno español, redactado mentalmente en mis ratos libres con una frecuencia de tiempo variable, siempre se ha mantenido fija e inamovible una persona sobre todas las demás: Gustavo de Arístegui para la cartera de Exteriores.

El portavoz de Asuntos Exteriores del Partido Popular en el Congreso es, a diferencia de algunos de sus compañeros de partido, un hombre tenaz, con las ideas claras, que no se deja arrastrar por los vaivenes mediáticos, perfecto conocedor de los entresijos mundiales y férreo defensor de la libertad. Y es precisamente este último aspecto el que más problemas ha traido a Arístegui, como en el pasado, en el presente y en el futuro traerá a todos aquellos que osen cuestionar y enfrentarse a los totalitarismos de distinto signo (comunista, nacionalista, fascista, islamista...), porque, como decia Thomas Jefferson, el precio de la libertad es la eterna vigilancia.

jueves, agosto 17, 2006

Lo que me gusta y lo que no me gusta de House


No me suelen gustar las series. Al menos no me suelen gustar las series aparte de las tradicionales de animación que a todo friki de mi generación entusiasman. No hace falta que especifique a cuáles me refiero, son de sobra conocidas por cualquiera que aguarde a las noticias de Antena 3 mientras apura el segundo plato. Dónde estará el trasfondo político o económico de este post, se preguntará usted y con razón. Paciencia.

Sin embargo con House mis preferencias han hecho una excepción. Me fue recomendada por varias personas y al final accedí a verla. Esto fue lo que me encontré:

Lo que me gusta de House

Gregory House es un tipo políticamente incorrecto. Eso de primeras le da muchos puntos. Es desagradable, su humor negro raya el mal gusto, luce unas playeras horribles y a menudo resulta hasta mezquino. Es el antihéroe. Premio. El personaje es por lo tanto genial. ¿Y la acción en la que se mueve?. Aparte de ser muy entretenida, tiene una cosa en la que no se ha reparado y mejor que no se haga, dado el gran número de progres seguidores del fenómeno. El hospital en el que trabaja House salva cientos de vidas, está bien gestionado, contrata a los mejores profesionales y lo mejor de todo: ¡Es privado y gana mucho dinero!.

En un país en el que la Sanidad es pública y gratuita como el nuestro, puede que cueste entender esto como algo positivo, pero lo cierto es que el sistema actual no se sostiene a sí mismo, camina hacia el fracaso, y modelos como el del hospital de House son el paradigma de una buena gestión empresarial sanitaria. Y este aspecto me da pie para pasar a lo que me gusta menos... o nada en absoluto.

Lo que no me gusta de House

Dejando de lado defectos puramente argumentales como el hecho de que las enfermedades más raras e improbables de la historia del Universo se concentren en el mismo país, en el mismo estado, en el mismo hospital y a veces hasta varias diferentes en una misma persona, quiero enfocar el trato que la serie da a la figura del capitalista. Capitalista es según la tercera acepción de la RAE la "persona que coopera con su capital a uno o más negocios, en oposición a la que contribuye con sus servicios o su pericia". Esto viene a indicarnos que su intervención es por lo menos -por lo menos- igual de necesaria que la de aquél que aporta esos servicios o esa pericia. Sin embargo la serie se empeña en hacer del hombre que hace posible esa maravilla sanitaria que es el hospital de House el malo malísimo de la trama. El ser más perverso, ruín, avaro e inhumano sobre la faz de la Tierra. Hay un capítulo en el que House se despierta placentero de un dulce sueño en el que comunica al capitalista en cuestión que tiene cáncer terminal. Claro. Cuando la sanidad esté en quiebra... ¿Quién pensará que de aquellos polvos vienen estos lodos?.

lunes, agosto 07, 2006

La recuperación de Castro es la condena para Cuba


Nunca me he mostrado favorable a la pena de muerte. Es cierto que ocasiones como la que hace poco nos brindaba el asesino Chapote pateando el sin duda necesario cristal de seguridad que le separa del tribunal que le juzga, pueden hacer que uno se replantee seriamente sus ideales al respecto, y que incluso imagine las formas más terribles de llevar a cabo el castigo capital. Sin embargo, al final prevalece esa influencia de la educación católica que recibí, y la habitual máxima de 'sería como rebajarnos en cierto sentido a la altura de semejante basura', y me he de conformar con exigir la implantación inmediata de la cadena perpetua.

En este caso sin embargo no puedo evitar desear la muerte de alguien. Si Castro hubiera sido hecho prisionero como en su día lo fue Sadam Husein, tal vez me conformara nuevamente con que pasara los pocos días que le quedan en la peor celda de Guantánamo. No obstante, en este caso esa situación parece imposible, en parte por culpa de quienes piensan que los iraquíes merecen más la libertad que los cubanos, administración Bush entre ellos. Y dado que la recuperación de Castro supondrá la continuación de la revolución liberticida, la revolución opresora, la revolución asesina en definitiva, ¿Hay otra manera de encauzar la libertad de Cuba que no sea la muerte del Coma-andante?.

martes, julio 18, 2006

¿Por qué no ganarán los demócratas? (y II)


¿Pero es únicamente la debacle demócrata la razón por la cual la victoria quedará servida en bandeja al partido del elefante en las aún lejanas elecciones de 2008?

Según Victor Davis Hanson los electores norteamericanos también sabrán apreciar algunos datos de mejoría en este segundo mandato de George Bush, datos que en mi opinión no salvan a lo que ha sido una pobre presidencia dentro del nivel exigible a un presidente republicano, sin irnos al listón marcado por Ronald Reagan, pero que bien suponen un aporte de esperanza dentro del bajo nivel político general:

"Tome el déficit presupuestario. Los ingresos federales anuales totales se han incrementado a pesar de, o a causa de, los recortes fiscales. Pero al mismo tiempo, los gastos presupuestarios del primer mandato Bush crecieron a un ritmo anual mucho más rápido que durante la administración de Bill Clinton. De modo que el socorrido remedio para el descenso pide recortes y un presupuesto más conservador, lo que difícilmente puede ser un argumento que fortalezca a los progresistas.

Ni siquiera en un área como la inmigración ilegal, donde Bush está siendo criticado duramente por su propio partido, los demócratas están en buena forma. Su apoyo a la amnistía y a los trabajadores invitados les da los mismos puntos negativos que a Bush en esos temas. Pero sufren el peso adicional de una aparente laxitud en el asunto de las fronteras abiertas.

Mientras, los demócratas afrontan un problema existencial más fundamental. La llegada de China y la India al sistema capitalista mundial ha traído a bastante más de mil millones de empleados al mercado de trabajo global. El planeta está hoy inundado de bienes de consumo baratos en el preciso momento en el que la economía norteamericana continúa creando riqueza nacional a un ritmo veloz.

El resultado es que, aunque pueda haber más desigualdad que nunca antes en el mercado mundial, la clase media y los pobres en Estados Unidos tienen acceso a "cosas" –televisiones, cadenas de sonido, ropa, coches– con las que nunca soñaron en el pasado. Nos encontramos hoy en la era de la MTV y el consumo de masas, no de las uvas de la ira. La lucha de clases en Estados Unidos ya no puede ser definida por el Partido Demócrata en términos de la necesidad elemental de una jornada semanal de 40 horas, seguro por paro e invalidez o Seguridad Social."


Si no cambian las cosas, Estados Unidos tendrá que elegir en 2008 entre el menos malo, y, a falta de saber quienes serán los candidatos en liza en ambos bandos, juzgando la cúpula de cada partido, parece que la decisión más razonable sería optar por la continuidad republicana, que podría no serlo tanto en función del contendiente que éstos eligieran.

lunes, julio 10, 2006

¿Por qué no ganarán los demócratas? (I)


En materia de historia militar (no sólo estadounidense), Victor Davis Hanson es probablemente una de las mayores autoridades mundiales. Conocedor de la civilización como pocos, ha traspasado las fronteras de lo puramente bélico para hacerse un notable hueco como analista político, haciendo valer sus opiniones por encima de las de gente teóricamente más especializada. Su obra maestra Carnicería y cultura, si bien apoya su hilo conductor sobre la guerra y su desarrollo, también deja excepcionales perlas de análisis social, como podría ser su enunciación de los principios que caracterizan a Occidente; éstos son: el espíritu libertario, el ingenio, la curiosidad científica, la ferocidad guerrera, el debate abierto, la democracia y el capitalismo.

Afirma Hanson que "las sociedades no occidentales pueden lograr alguna victoria ocasional cuando luchan contra los valores occidentales pero la 'manera occidental de la guerra' a la larga prevalecerá al no tener parangón en su devastación y decisión".

En esta ocasión el excepcional historiador y sociólogo centra sus miras en el debate de política interna estadounidense, que como suele suceder, proyectará sus consecuencias sobre la política del resto de países. Sostiene Hanson en su artículo ¿Por qué no ganarán los demócratas? que, a la hora de escoger entre el supuesto mal republicano, o la cura demócrata, las urnas decidirán que el remedio es peor que la enfermedad. Especialmente interesante resulta el análisis de la estrategia demócrata a lo largo de las últimas décadas y sus posteriores resultados:

"Finalmente, en el pasado, los sabios demócratas comprendieron la necesidad de disfrazar con un conservador esos contenidos progresistas. Para ganar el voto popular en las carreras presidenciales, la fórmula era nominar a un gobernador o senador del Sur –como en 1964, 1976, 1992, 1996 o 2000– y a continuación esperar o bien a un escándalo republicano como el Watergate o el Irán-Contra, o la entrada en liza de un candidato conservador populista independiente como Ross Perot.

En cambio, cada vez que la base progresista se salía con la suya y nominaba a un progresista del Norte –1968, 1972, 1984, 1988 o 2004– el partido perdía la presidencia. Hasta la fecha, ni siquiera Abú Ghraib, Guantánamo, el Katrina o Haditha han igualado los pasados escándalos nacionales; tampoco es probable que un parásito independiente vaya a restar votos a los republicanos."

martes, junio 27, 2006

La victoria póstuma


Decía Gandhi que "el único tirano que acepto en este mundo es mi propia voz interior". Algo así debe pensar Zapatero, que, lejos de encontrarse sin un plan trazado e improvisar sobre la marcha -y en esto tiene Rajoy toda la razón-, se dedica a desarrollar una hoja de ruta, fruto de su 'tirano interior', que lejos de arrastrarle únicamente a él mismo, nos lleva a todos a una huida hacia delante sin precedentes en la historia postrepublicana.

¿Y si el plan no tuviera que ver con los intereses actuales o futuros de España? ¿Y si el frente popular que provocó la guerra civil, finalizada hace más de 65 años y voluntariamente sobreseida por todos durante la Transición, hubiera encontrado ahora a su paladín, a su justiciero, a su vengador, dispuesto a cambiar el signo de la historia tantas décadas después?

¿No es quizás el plan de Zapatero ganar la guerra civil? Pensémoslo. Su gobierno se basa en el odio hacia los que mataron a su abuelo, y los culpables que han de pagar por ello son sin duda quienes se sientan enfrente en el hemiciclo, y los ciudadanos a los que representan. El aniquilamiento de la libertad, la liquidación de España, el odio a todo lo que suene a no izquierdista o no nacionalista, eran las características propias del régimen culminado con la mayor masacre de la historia de nuestro país.